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"El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es dolor el dolor que de veras siente. Y los que leen lo que escribe en el dolor leído siente bien, no los dos que él tuvo mas sólo el que ellos no tienen. Y así en los rieles gira, entreteniendo la razón, ese tren de cuerda que se llama el corazón". (Fernando Pessoa)

miércoles, 18 de abril de 2007


BREVE CURSO PARA APRENDER A MORIR (I)
Por Cristian Warnken
Rehuir la experiencia de la muerte es como rehuir la experiencia del amor. Ambas vivencia radicales le restituyen a la vida su esplendor y densidad, muchas veces anestesiados por la rutina y el tedio. Es curioso cómo nuestra época rehúye a ambos -amor y muerte- con pavor: ambos nos colocan ante el fracaso y la fragilidad. Pero al privarnos de estas experiencias "negativas" nos privamos también del éxtasis y la lucidez, nos negamos ese salto a la otra orilla que tan bien han descrito místicos y poetas.
En Occidente hubo un período muy intenso de investigación sobre la muerte: entre el 500 d.C. y el siglo XV. Nunca habíamos contado con tantos relatos sobre experiencias cercanas a la muerte de boca de niños, nobles, mendigos, sabios, ignorantes, reyes y papas. Hoy abundan el silencio y la ocultación sobre la muerte. Hemos perdido la rica tradición que hizo de la Edad Media uno de los períodos más fascinantes de la historia de Occidente.
Desde entonces, Oriente nos lleva la delantera. Nuestras carencias en tecnología espiritual sobre la muerte deben ser, a los ojos de los tibetanos, por ejemplo, tan abismantes como para nosotros resulta la pobreza económica en Bangladesh.
Este breve curso pretende abrir un espacio de reflexión práctica tan necesario como un curso de primero auxilios o de cocina japonesa. Y por lo demás ¿de qué van a servir nuestros conocimientos sobre sashimi, marketing o computación cuando llegue ese momento en que nos falle el olfato, luego el sabor, y un frío intenso empiece a apoderarse de nosotros, desde las extremidades de nuestro cuerpo hacia arriba?
No sabemos nada de la muerte, nada. ¿Sabía usted, por ejemplo, que lo último que perdemos antes de morir es la audición, y que un agónico en estado de coma oye lo que está ocurriendo alrededor de su lecho de muerte? ¿No es coincidente eso con las prácticas tibetanas de hablarles al oído a los moribundos, indicándoles los pasos del viaje que se inicia? ¿Qué indica esa persistencia del oír hasta el último instante? ¿Por qué oyen los agónicos? Este solo aspecto daría para investigaciones neurofisiológicas o filosóficas. Pero nuestro tiempo no quiere oír el sonido de la muerte. Hacemos oídos sordos a su hablar de millones de años. Sólo las civilizaciones que han aprendido a escuchar a la muerte han podido también hablar de ella, decir algo más sustantivo que nuestro cobarde escamoteo, nuestro aterrado silencio.
Algunas proposiciones de carácter general:
1. Introducir un cursillo sobre la muerte en todos los colegios: que los cursos visiten cementerios, escriban sus propios epitafios, investiguen el riquísimo saber popular sobre la "Pelá" en el habla y la poesía del campo (por ejemplo, payas y décimas).
2. Reunir a médicos, neurobiólogos, religiosos y poetas en un encuentro interdisciplinario de reflexión sobre la muerte. Algo análogo a lo que hiciera Francisco Varela con el Dalai Lama. Financiarlo con platas concursables del Fondart, tantas veces desperdiciadas en proyectos banales y sin trascendencia.
Sería estupendo un proyecto que cruzara a científicos con poetas, por ejemplo.
3. Replicar la Fiesta de los Muertos que se celebra en México como una forma de ritualizar colectivamente la muerte, en vez de celebrar esas insípidas fiestas de la cultura hoy tan en boga. Que la muerte, en forma de máscaras, bailes o calaveras de azúcar, inunde las calles de nuestras ciudades. Que la muerte recorra los malls, los ministerios, los sets de televisión, haciéndonos oír su música sagrada. No se trata de repetir el gesto idiota del general español que en la Guerra Civil gritara "viva la muerte" en el patio de una universidad. No. Se trata de que la muerte viva en nuestras conversaciones, en nuestros símbolos y fiestas, porque una cultura que no expresa su mirada frente a la muerte termina condenándonos a esperarla -el día que ella llegue- como ciegos o sordos, en el oscuro callejón de nuestra propia soledad.
Del libro: "Las Noticias que siempre serán Noticia". (2001)

2 comentarios:

Blogger Morwen ha dicho...

muy particular opinión acerca de este tema, mas no deja de tener sentido.
me interesa muchísimo este libro de Cristián Warnken. si pudieses facilitármelo o señalar dónde puedo conseguirlo te estaría enormemente agradecida.

cordiales saludos.

21 de mayo de 2007, 17:37  
Blogger Nazario ha dicho...

Estimada:

El libro es una pequeña joyita, está disponible en la librería Antártica, y pertenece a la misma editorial. Corresponde a una recopilación del diario de las noticias que nunca serán noticias de Cristián Wnker y Santiago Elordi, que circuló durante la década de los 90 en Chile. Si estás en Chile, te puedo hacer llegar una copia. No tengo acceso a tu blog, por lo que espero que alguna vez visites nuevamente mi blog y puedas leer este mensaje, ya que recién hoy he visto tu comentario. Un cordial saludo, Nazario.

29 de julio de 2007, 21:37  

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