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"El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es dolor el dolor que de veras siente. Y los que leen lo que escribe en el dolor leído siente bien, no los dos que él tuvo mas sólo el que ellos no tienen. Y así en los rieles gira, entreteniendo la razón, ese tren de cuerda que se llama el corazón". (Fernando Pessoa)

domingo, 1 de abril de 2007

De Andar por ahí y ver cosas... (Lin Yutang)

Viajar solía ser un placer; ahora se ha convertido en industria.
No hay duda que existen hoy mayores comodidades para viajar que hace cien años. (...) No obstante, viajar parece haberse convertido en un arte perdido. A fin de comprender el arte de viajar es preciso conocer primero los diferentes tipos de falsos viajes, que no son viajes.
El primer tipo de viaje falso es el de viajar para mejorar la educación. Dudo mucho que se pueda mejorar tan fácilmente el espíritu de cada uno. (...) La segunda especie de viaje falso es el que se hace para la conversación, o sea que se hace para poder conversar después. (En relación con este tipo de viaje está el peligro en que se piense menos en el momento o en el lugar que en la fotografía que se trata de obtener para mostrar a los amigos). (...) Esta tonta manera de viajar produce necesariamente el tercer tipo de falsos viajeros, los que viajan a horario, sabiendo de antemano cuántas horas van a pasar en Viena o en Budapest. Antes de partir, estos viajeros hacen un horario perfecto y lo respetan religiosamente. Atados al reloj y al calendario están en su casa, y siguen atados al reloj y al calendario cuando salen de ella. (Conozco gente así).
En lugar de estos falsos tipos de viajes, estimo que los verdaderos motivos de los viajes son, o deben se, otros. En primer lugar, el verdadero motivo debe ser el de viajar para perderse y ser desconocido. Más poéticamente, podríamos decir que es el viajar para olvidar.
El verdadero viajero es siempre un vagabundo, con las alegrías, las tentaciones, y el sentido de aventura que tiene el vagabundo. Viajar es "vagabundear" o no es viajar. La esencia del viaje es no tener deberes, ni horas fijar, ni correspondencia, ni vecinos inquisidores, ni comisiones de recepción, ni destino fijo. Un buen viajero es el que no sabe a dónde va, y un viajero perfecto es el que no sabe de dónde viene. (...) Este espíritu de vagabundo hace posible que las personas que salen de vacaciones se acerquen a la Naturaleza. Los viajeros de esta clase, pues, insistirán siempre en ir a los balneareos donde haya menos gente, y donde podrán tener una verdadera soledad y una comunión con la Naturaleza. Los viajeros de esta especie, cuando se preparan para el viaje, no van a una tienda y dedican mucho tiempo a elegir un traje de baño azul o rojo.
Vamos a una estación termal famosa, y nos decimos: "Ahora vamos a estar a solas", pero después de comer en el hotel recogemos el diario y descubrimos que el lunes llegó la señora B. A la mañana siguiente, en nuestra caminata "solitaria", encontramos a toda la familia Dudley, llegada en tren la noche anterior. El jueves por la noche descubrimos, con gran deleite, que también el señor S. y su esposa están pasando sus vacaciones en este maravilloso valle escondido. La señora S. invita a los esposos S. a un partido de bridge, y oímos a la señora S. que exclama: "¡Qué encantador es esto! Igual que en Nueva York, ¿verdad?".
Me atrevo a sugerir que hay otra manera de viajar, viajar para no ver nada ni a nadie, sino las ardillas y las ratas almizcleras y los picamaderos y los árboles y las nubes.
Una amiga mía, una dama norteamericana, me contó cómo fue con algunos amigos chinos a una colina de las cercanías de Hangchow, con el fin de no ver nada. Era una mañana brumosa, y al subir la colina la niebla se hacía cada vez más densa. Se oía el suave golpeteo de las gotas de humedad en el césped. No se veía nada más que la niebla. La dama norteamericana estaba desalentada. "Pero tiene que seguir con nosotros; hay una vista maravillosa allí en lo alto", insistieron sus amigos chinos. Siguió subiendo, y al cabo de un rato vio a la distancia una peña muy fea, envuelta en nubes, que había sido anunciada como una gran vista. "¿Qué es eso?", preguntó. "Es el Loto Invertido", respondieron sus amigos. Algo mortificada, se disponía a emprender el descenso. "Pero hay una vista aun más maravillosa desde la cima", le dijeron. Tenía ya casi empapado el vestido, pero había renunciado a la lucha y siguió el ascenso. Por fin llegaron a la cumbre. Les rodeaba por todas partes un conjunto de nieblas y brumas, apenas visible en el horizonte el contorno de distantes montañas. "Pero si aquí no hay nada que ver", protestó la amiga. "Precisamente. Subimos para no ver nada", le respondieron sus amigos chinos.
Hay una gran diferencia entre ver cosas y no ver nada. Muchos viajeros que ven cosas no ven nada en realidad, y muchos que no ven nada ven mucho. (...) Llegamos, pues, a la filosofía de viajar consistente en la capacidad de ver cosas, que anula la distinción entre viajar a un país distante y andar por los campos vecinos una tarde cualquiera.
Las dos se convierten en una sola cosa. El equipo más necesario para un viajero es "un talento especial en el pecho y una visión especial bajo las cejas". Lo que interesa es saber si uno tiene corazón para sentir y ojos para ver. Si no se tiene, sus vistas a las montañas son pura pérdida de tiempo y de dinero; en cambio, si se tiene "un talento especial en el pecho y una visión especial bajo las cejas", podrá obtener el más grande júbilo de los viajes sin ir siquiera a las montañas, permaneciendo en su casa y mirando a su alrededor, y recorriendo los campos para contemplar una nube fugitiva, o un perro, o una cerca, o un árbol solitario.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

nasario: excelente ling yutang y tu blog."que listos son los gitanos, tal vez sera porque viajan tanto"
Fátima

9 de abril de 2007, 17:09  

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