poesia universal y+

"El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es dolor el dolor que de veras siente. Y los que leen lo que escribe en el dolor leído siente bien, no los dos que él tuvo mas sólo el que ellos no tienen. Y así en los rieles gira, entreteniendo la razón, ese tren de cuerda que se llama el corazón". (Fernando Pessoa)

lunes, 9 de abril de 2007


Eduardo Anguita
Venus en el Pudridero

(fragmento)
Os contaré, amantes, qué hacéis cuando estáis juntos;
lo que yo hice y sentíen aquel huerto de espigas corporales.
El gallo a mitad del día, erguido para el amor,
y la luna que espera al ave de fuego,
mojada, abierta y silenciosa.
La tomé por la mirada, rebanando con mi vista su entrecejo,
y desde ahí, humedecí con su vista mis manos y conmi vista su cuerpo,
hasta que su cabeza derramóse en mi hombro.
Su cabeza era una blanda caverna donde se escondía el torrente,
el que me llevaría hacia abajo, a las zarzas de sigiloso esplendor.
Palpé sus sienes, oyendo latir la piedra,
la piedra azulada por la respiración y el anhélito.
Ella tomó mi boca con su boca, llenar un hueco con otro hueco,
para partir unidamente exhaustos.
Mis labios son yo que salgo; los suyos son yo que entro.
Y nos reconocimos íntimos y temblorosamente obvios.
Comencé a ser mi semejante.
Inquirí su cuello, la columna despierta
hecha de luz intencional explícita.
Besos en su garganta de cascada de nieve, y sus pechos,
paticulares bóvedas del cielo, copas de árbol, salidas
de sol y cualquier cosa aquí sólo representada.
Mi boca me ungió único entre dos calores contiguos.
De ser una la esfera,Yo habría inventado la repetición.
Rodeaba mi cintura para ser ella copa y yo agua.
Quería aprisionarme, y no sólo por fuera,
pues podría escaparme hacia adentro,
y para que no me evadiera así, me insinuó encerrarse
ella dentro de mí.
Accediendo, la ceñí a mi vez por la cintura,
siendo ella ahora el agua y yo el vaso.
Y se hizo tan íntima, que aun durmiendo me encontraba con ella
como si la hubiera habitado y comulgado.
Estrechamos la condena y caímos veloz
por la corriente que arrastra juntos al pájaro y al vuelo.
Su mano en mi nuca bordeaba la piel y el cabello.
Se ponía en la orilla: en la extrañeza y en la propiedad.
Estuve de acuerdo: tambi´en como ella deseé los contrarios.
Me adentré tanteando por el interior de sus muros
hasta esa cercanía más y más ajena,
pero, ¿entendéis?, sin llegar, sin llegar todavía
a decirle tú.Sentí lo que ella sentía
y supe que yo era hombre porque ella así lo sentía.
Sentí por ella y me hice rápidamente mujer,
amándome a mí mismo.Tú eres mujer, tú eres hombre.
Eres el muchacho y también la doncella.
Tú, como un viejo, te apoyas en el cayado.
Eres el pájaro azul oscuroy el verde de ojos rojos.
Tú eres aquello. Y yo soy tú.
Pero no al mismo tiempo. Por eso entro y salgo.
Eduardoe-lisa ....Elisae-duardoElisaeduar-do ....Eduardoeli-sa
Luego giré en medio círculo y quedó mi conciencia
en dirección a sus pies, ella de espaldas y yo de bruces,
uno sobre el otro:hicimos así lo que yo llamo
sinceramente
La clepsidra.